“La situación política mundial en su conjunto se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado. La premisa económica de la revolución proletaria hace tiempo que ya ha alcanzado el punto máximo que puede lograrse bajo el capitalismo.” (La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional, 1938)
Después de semanas de votación en el Congreso Nacional, el gobierno de Milei logró aprobar la reforma laboral que suprime derechos históricos de la clase trabajadora argentina. Esta victoria no fue resultado de una derrota de los trabajadores, sino de la bancarrota de sus direcciones. A pesar de todas las traiciones de sus dirigentes, los trabajadores argentinos han expresado una permanente disposición de lucha. Las condiciones objetivas para una victoria de la clase trabajadora están garantizadas; lo que falta es el elemento subjetivo, es decir, una dirección revolucionaria.
La reforma laboral aprobada en segunda votación en el Senado argentino, el 27 de febrero, expresa lo que el gobierno de Milei representa para los trabajadores: destrucción de derechos al servicio del imperialismo. Entre los principales puntos, la nueva legislación facilita los despidos, amplía la jornada laboral y dificulta la actividad sindical de los trabajadores.
Con el objetivo de facilitar los despidos, el gobierno eliminó del cálculo de las indemnizaciones la inclusión de derechos como el aguinaldo, las vacaciones y otras bonificaciones. Además, la ley establece la creación de un fondo para el pago de indemnizaciones que contará con aportes de los empleadores, pero también con recursos del Estado. Es decir, dinero de los trabajadores destinado a subsidiar los despidos de otros trabajadores.
También se eliminaron otros derechos. Entre ellos se encuentra el establecimiento de un “salario dinámico”: una empresa podrá establecer, mediante acuerdo con la categoría o incluso de manera unilateral para sus empleados, que parte de la remuneración sea variable, según el cumplimiento de metas o el desempeño individual. Sabemos que esas metas suelen ser inalcanzables y que su cálculo queda a discreción de los empleadores. Además, la ley permite que esta remuneración variable pueda ser inferior al salario mínimo. Es decir, se trata del fin de una garantía histórica de los trabajadores.
Otra medida es la extensión de la jornada laboral. Aunque oficialmente la jornada sea de 8 horas diarias y 48 horas semanales, se permitirá extender el día de trabajo hasta 12 horas. Sin embargo, esas horas extras no necesariamente deberán pagarse en dinero, sino que podrán acumularse en un banco de horas que se compensará según la conveniencia de los empleadores.
Algunas categorías sufrieron ataques adicionales. Para los trabajadores de plataformas digitales, la ley impide el reconocimiento de una relación laboral con las plataformas. Estas empresas estarán obligadas a crear un seguro contra accidentes, que será negociado directamente entre las partes. Pero los trabajadores, por su parte, estarán obligados a financiar con sus propios recursos los pagos tributarios y las contribuciones previsionales de su actividad.
En cuanto a las trabajadoras domésticas, que en el país superan el millón, su período de prueba se extenderá de un mes a seis meses. Esto significa que, durante ese período, podrán ser despedidas sin ningún tipo de indemnización. Otras categorías, como los camareros, que hoy cuentan con garantías específicas, verán extinguidos sus contratos en 2027 y deberán firmar nuevos contratos bajo la nueva legislación.

Iniciativas como la reducción del salario durante las licencias médicas al 50 % del salario de un trabajador en actividad fueron retiradas de esta legislación para garantizar mayor apoyo en el Congreso. Sin embargo, el gobierno asegura que intentará retomarlas mediante nuevos proyectos de ley.
También existe un conjunto de medidas orientadas a atacar la organización de los trabajadores. Pasarán a prevalecer los acuerdos individuales entre empleadores y empleados por encima de los convenios colectivos de la categoría. Las asambleas sindicales no podrán interrumpir el funcionamiento de las empresas, y los trabajadores necesitarán autorización de los empleadores para participar en ellas; además, se descontarán de su salario los días en que participen.
Los servicios considerados esenciales, que por lo tanto no pueden tener paralizaciones superiores al 25 % de la fuerza laboral, se ampliaron a categorías como los trabajadores del comercio, de la educación, del transporte aéreo y los trabajadores portuarios. El bloqueo y la ocupación de los lugares de trabajo por parte de los trabajadores pasan a ser considerados infracciones graves.
Las traiciones de la CGT
Cualquiera que conozca la historia de lucha de los trabajadores argentinos debe preguntarse: ¿cómo fue posible? Incluso frente a todos los ataques del gobierno reaccionario de Milei, hemos visto manifestaciones y movilizaciones históricas de los trabajadores en los últimos años. Y en las últimas semanas no fue diferente. Pero esta vez las direcciones del movimiento obrero actuaron como un freno al movimiento. Son ellas las responsables de este revés histórico.
Durante todo este proceso, que comenzó el 11 de septiembre con la primera votación en el Senado, la principal central sindical de Argentina, la CGT, realizó solo una paralización: una huelga general de 24 horas el 19 de febrero, durante la votación en la Cámara de Diputados. Fue apenas una forma de canalizar la presión de las bases. Sin movilización real, sin un plan de huelga y sin ninguna perspectiva de presionar al gobierno para que desistiera de la votación.
Aun así, más del 90 % de los trabajadores argentinos pararon ese día. Todo el transporte de la capital se detuvo. Los vuelos internacionales hacia Argentina fueron cancelados. Si esta situación se hubiera prolongado durante algunos días, la reforma habría sido derrotada.

Incluso sin movilización de la CGT, algunos trabajadores salieron a las calles de Buenos Aires para protestar contra la votación. Sin una participación masiva, fueron duramente reprimidos por la policía. Este hecho fue utilizado como pretexto por la CGT para declarar, al final del día, que no convocaría una nueva paralización debido a la represión y que recurriría a los tribunales de la justicia burguesa para impugnar la legislación.
La capacidad de representación de la CGT es enorme. Se trata de la mayor central sindical del país y, por lo tanto, tiene la capacidad de movilizar a un gran número de trabajadores. Pero no lo controla todo. Y muchos trabajadores ya demuestran en la práctica que quieren ir más allá de esta dirección. Mientras continuaban las votaciones, muchas otras categorías se movilizaron por diferentes motivos.
En la víspera de la votación en la Cámara, el 18 de febrero, los trabajadores marítimos y portuarios paralizaron los principales puertos del país durante 48 horas. La motivación era precisamente la votación de la reforma laboral. La movilización afectó duramente las exportaciones del agronegocio, especialmente el puerto de Rosario, uno de los mayores puertos exportadores de soja y maíz.
Mientras la CGT capitulaba durante la votación del 27 de febrero en el Senado, algunas categorías se movilizaron. Y no solo contra la reforma laboral, sino también en luchas económicas. El Frente Sindical Unido (FreSU), que reúne sindicatos de sectores como los empleados públicos y los metalúrgicos, decidió paralizar actividades y convocar una manifestación para el viernes 27. Entre las propuestas de los sindicatos estaba la exigencia de que la CGT convocara una huelga de 36 horas.
Por su parte, los trabajadores de la educación, desde el nivel básico hasta el universitario, convocaron una paralización para el 2 de marzo, fecha prevista para el inicio del ciclo lectivo. Quince provincias suspendieron las clases, incluida Buenos Aires, que no registraba una paralización desde 2019. Ese mismo día, después de aprobada la reforma, la CGT se limitó a realizar una marcha hacia la Corte Suprema de Justicia, solicitando la declaración de inconstitucionalidad de la ley.
Los trabajadores argentinos luchan por sus empleos
En paralelo, impulsados por el cierre de fábricas, los trabajadores se han movilizado en defensa de sus puestos de trabajo. En la fábrica de refrigeradores de aire Aires del Sur, ubicada en el polo industrial de la Patagonia, donde cada vez cierran más fábricas, más de 100 trabajadores ocuparon la planta exigiendo el pago de salarios y beneficios atrasados desde la primera quincena de enero, en la misma semana en que se votaba la reforma laboral.
El caso más emblemático fue el de la Fábrica Argentina de Tejidos Engomados (FATE). Se trata de la mayor empresa de neumáticos del país, con más de 900 trabajadores, que cerró sus actividades el 18 de febrero después de 80 años, con una capacidad de producción de más de cinco millones de neumáticos por año.
La justificación de los capitalistas fue que, debido al aumento de las importaciones de neumáticos, ya no existía mercado para la producción de la empresa. Frente a un cartel en los portones anunciando el cierre de la fábrica, ubicada en las afueras de Buenos Aires, decenas de trabajadores decidieron ocupar la planta exigiendo su continuidad. Permanecieron allí durante todo el día, incluso frente al cerco policial.
El dirigente del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA) intervino rápidamente declarando que se trataba de una manifestación pacífica y que la reivindicación de los trabajadores se limitaría al cumplimiento de los acuerdos de despido y a la inversión estatal en la industria nacional. Cabe señalar que el SUTNA es uno de los principales aparatos dirigidos por la coalición de izquierda Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U), cuyos partidos se reivindican trotskistas.
En los últimos dos años, 21 000 empresas cerraron, eliminando cerca de 300 000 empleos en Argentina. En la etapa actual del modo de producción capitalista, especialmente en el contexto de crisis que atravesamos, el papel de países de economía dependiente como Brasil y Argentina es el de valorizar el capital imperialista mediante la precarización y los ataques constantes contra la clase trabajadora. No existen caminos para el desarrollo de la producción nacional bajo el imperialismo.
Por otro lado, la crisis del capitalismo obliga a los trabajadores a aferrarse a lo más elemental que poseen dentro del capitalismo: su lugar en la producción. Una huelga con ocupación de la fábrica, a su vez, pone en cuestión la propiedad capitalista, demostrando que, en este régimen, quienes verdaderamente producen son los trabajadores.
Por lo tanto, cuando los trabajadores comprenden que no necesitan a los capitalistas para producir y que pueden tomar la producción en sus propias manos, entienden que el modo de producción capitalista está superado y que existen condiciones objetivas para su superación. Entonces, el papel de la dirección de los trabajadores no es crear ilusiones sobre una posible reforma del capitalismo, sino crear las condiciones subjetivas para romper con este sistema. Ese fue el objetivo del movimiento de fábricas ocupadas iniciado por nuestra organización aquí en Brasil y que luego se extendió a diversos países, incluida Argentina.
La necesidad de una dirección revolucionaria
Al debatir el balance de la Guerra Civil Española, en un texto de agosto de 1940, Trotsky establece una distinción precisa sobre el papel de la dirección en un proceso revolucionario, que nos ayuda a comprender el proceso que atraviesan hoy los trabajadores argentinos en su intento de superar las contradicciones del capitalismo. En el artículo titulado “Clase – Partido – Dirección”, Trotsky afirma:
“Es necesario no comprender absolutamente nada de las relaciones entre la clase y el partido, entre las masas y la dirección, para repetir vacíamente que las masas españolas se limitaron a seguir a sus dirigentes. Lo único que puede decirse es que las masas, que buscaban en todo momento encontrar un buen camino, vieron que superaba sus fuerzas estructurar, en pleno fragor de la batalla, una nueva dirección que respondiera a las exigencias de la revolución.”
Es decir, frente a una guerra de clases como la que enfrentan los trabajadores argentinos, la clase trabajadora busca primero apoyarse en su dirección constituida para enfrentar los ataques del enemigo. La CGT todavía logra paralizar a la mayoría de los trabajadores argentinos porque fue el instrumento históricamente construido por los trabajadores.
Trotsky también explica cómo se produce el proceso de traición de la dirección, cuyas expresiones vemos en la actuación de la CGT:
“[…] nuestros sabios aceptan tácitamente el axioma de que cada clase tiene la dirección que merece. En realidad, la dirección de ningún modo es un simple ‘reflejo’ de una clase o el producto de su propia creación libre. La dirección se forja en el proceso de choques entre diferentes clases y de fricciones entre diferentes capas dentro de una misma clase. Una vez que asume su papel, la dirección se eleva invariablemente por encima de su clase, quedando así predispuesta a sufrir presiones e influencias de otras clases.”
En ese sentido, el desarrollo de la lucha de clases pone al descubierto, ante los trabajadores, la capitulación de su dirección. Sin embargo, este momento de crisis de dirección es extremadamente confuso y puede llevar a la clase a un impasse. Trotsky también explica esto:
“Es necesario un gran sacudimiento histórico para que aparezca la aguda contradicción entre la dirección y la clase. Los sacudimientos históricos más poderosos son las guerras y las revoluciones. Precisamente por esta razón, con frecuencia la clase obrera es tomada desprevenida por la guerra y la revolución. Pero incluso en los casos en que la vieja dirección haya revelado su corrupción interna, la clase no puede improvisar inmediatamente una nueva dirección si no ha heredado del período anterior cuadros revolucionarios sólidos, capaces de aprovechar el colapso del viejo partido dirigente.”
Por lo tanto, hoy la clase trabajadora argentina no cuenta con una dirección capaz de trazar la línea correcta frente a los ataques de la burguesía. En cierta medida todavía puede ser tomada por sorpresa. Pero los acontecimientos de las últimas semanas muestran que existe un sector consciente de trabajadores que desea superar esa dirección. Y esa nueva dirección se forjará en la medida en que seamos capaces de demostrar que es posible avanzar en las luchas cotidianas contra la burguesía.
Como afirmó Trotsky en el mismo texto:
“La victoria no es, en absoluto, el fruto maduro de la ‘madurez’ del proletariado. La victoria es una tarea estratégica. Es necesario aprovechar las condiciones favorables que ofrece una crisis revolucionaria para movilizar a las masas; tomando como punto de partida el nivel de su ‘madurez’, es necesario impulsarlas hacia adelante, hacerles comprender que el enemigo no es, de ninguna manera, omnipotente, que está desgarrado por sus contradicciones y que, detrás de su impotente fachada, reina el pánico.”
La construcción de esa dirección permitirá situar la lucha de los trabajadores en un nivel más elevado para las próximas batallas. Es nuestra tarea histórica construir un movimiento comunista internacional que reubique la lucha de los trabajadores sobre la única base correcta para este momento: el programa de la Cuarta Internacional.
Organização Comunista Internacionalista (Esquerda Marxista) Corrente Marxista Internacional